Enfermedad Crónica, Mi Historia

www.fuerakilos.com enfermedad cronicaDesde los 12 años, he visto cómo se instalaba la enfermedad crónica en mi casa. En aquel entonces, no era demasiado consciente de lo que suponía, sólo sabía que mi madre tenía mucha sed y que no veía tan bien como antes, a pesar de que era joven, 46 años, pero supongo que con esa edad, crees que una persona de 46 años está ya envejeciendo, por tanto, los “achaques de la edad”, forman parte de la normalidad y supongo que la enfermedad crónica también, aunque no supiese muy bien qué era.

Tengo que decir que siempre recuerdo a mi madre con

un sobrepeso considerable, el peso que quedó grabado en mi memoria eran 105 kilos, que, para su estatura y constitución, suponía un peso absolutamente excesivo.

Los recuerdos de mi infancia, con respecto a la comida, a lo que yo veía comer en casa, me parecen ahora, aterradores; se comía en exceso, se bebían refrescos azucarados en exceso, grasas tóxicas por supuesto en exceso, dulces, mejor ni pensarlo porque mirases donde mirases, allí estaban, sedentarismo, todo el del mundo estaba en mi casa, así que, aunque no comprendiese muy bien lo de enfermedad crónica, estaba claro que con el paso del tiempo no tendría más opción que aprenderlo.

Y así fue, porque lo que no veía claro en un primer momento, se convirtió en parte de mi vida y, ahora, pasados 30 años, echo la vista atrás y me llevo las manos a la cabeza.

He ido viendo, a lo largo del tiempo, cómo mi madre se deterioraba, cómo resultó imposible hacerle cambiar sus hábitos, tanto de alimentación como de ejercicio físico, absolutamente imposible. Sé que habrá muchas personas que, cuando lean esto también se llevarán las manos a la cabeza y pensarán que mi madre estaba muy mal como para no pararse a pensar en las consecuencias que traerían sus actos y muchas de esas personas, probablemente estén en su misma situación, sólo que o no lo saben, porque no saben cómo hacer lo correcto o sencillamente no lo quieren saber porque es menos complicado.

El caso es que, la enfermedad crónica de mi madre, llevó a una gran pérdida de visión, un infarto cerebral, un infarto de corazón, fallo renal crónico, fallo de hígado, etc. etc. etc., podríamos pasarnos horas y horas hablando de los problemas de salud que mi madre ha tenido, consecuencia de una enfermedad crónica.

Te diré también, que a día de hoy, sigue sin reconocer lo mal que lo ha hecho durante todos estos años, pese a la insistencia de sus hijos en que su alimentación debía variar y por supuesto en cuanto al ejercicio físico.

Ahora, con 76 años, mi madre es una persona que, prácticamente se alimenta de pastillas, una mujer que sobrevive porque siempre ha sido fuerte pero una mujer que no puede caminar, pues su enfermedad crónica ha tenido una serie de consecuencias tan graves que apenas la dejan caminar 3 pasos. Como comprenderás, esto es, para sus hij@s, para mis herman@s y para mí, muy muy doloroso y la pena y la rabia te consumen por verla así pero también por no haber conseguido, después de tantos años, que nuestra madre abriese los ojos y viese que la solución estaba en sus manos.

Como su propio nombre indica, la enfermedad crónica es crónica, está ahí, pero debemos pensar que, está en nosotr@s cómo queremos vivirla, cómo queremos llevar nuestros días, cómo queremos envejecer. Lo inevitable pues es eso, imposible de remediar, pero lo que sí podemos prevenir, lo llevamos dentro y no podemos permitir que nuestr@s seres queridos vean cómo nos deterioramos sin que puedan hacer nada. No es difícil, de verdad no es difícil, tampoco pasa nada si necesitamos pedir ayuda, la familia está para eso, pero por favor, evitemos aquello que nos es innecesario y que no va a convertirse más que en sufrimiento. Much@s, lo hemos conseguido, hemos conseguido, hasta el momento, alejar esta enfermedad crónica que poco a poco se lleva a mi madre, la diabetes y os aseguro que, podemos hacerlo, podemos alejarla de nosotr@s, podemos abrir los ojos y reconocer que en nuestra mano está lo más importante.

En el próximo artículo te contaré cómo, cómo disfruto de la vida, cada día, manteniendo lejos esta enfermedad crónica que, cada año, atrapa a más y más personas. Es mi historia.

Te deseo un maravilloso día.

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